Hay cosas en la vida que son inevitables, innegables y, como se suele decir, "son de cajón". Que las tecnologías se hayan hecho un hueco, un gran hueco en la sociedad, es un hecho, cada día que pasa son más los recursos que ofrece, que inventan, llegan a todas partes, a todos los ámbitos y, la literatura no ha sido una excepción.
El tema que nos ocupa mucho tiene que ver con esto, la invención del libro electrónico me ha parecido buena, en el sentido de que tiene muchas ventajas, es un soporte muy ligero, puedes hacer subrayados, remitir una palabra desconocida directamente a la RAE, puedes intercambiar obras con otra gente, hacer préstamos, resumir, el coste de las obras es muy bajo y resulta muy cómodo a la hora de llevarlo, estamos hablando de un pequeño aparato con muchísimas obras dentro, podrá tener muchas pegas, pero práctico es, ahora bien, que vea estas ventajas, no significa ni mucho menos, que lo priorice ante el libro tradicional.
Hace poco, destapé unas cajas con todos los libros que leí, desde el colegio hasta la universidad, y debo reconocer, que tenía muchísimas ganas de que ese momento llegara, parecía que los libros me hablaban y me pedían a gritos que los sacara de allí dentro, ellos lo necesitaban y yo, también. Pasé una tarde increíble sentada en el suelo, cogiendo cada uno de ellos, recordando el momento en que los leí, echando un vistazo a sus hojas y dándome cuenta de cómo he cambiado, las anotaciones que hacía en 3º EGB, nada tiene que ver con esas reflexiones que encontré en "Las crónicas de Indias", mi caligrafía ilegible de primaria, mucho ha cambiado desde entonces, mis graves faltas de ortografía se han extinguido y, los corazones dibujados y "notitas" de amigas en los libros de mi adolescencia han ido desapareciendo con el paso del tiempo.
Mis libros, perdurarán en el tiempo, los podré compartir con primos, amigos, sobrinos, hijos...y, cuando me pregunten por una de esas simpáticas anotaciones, podré contar una historia, una vivencia...
Creo que el libro tradicional lleva consigo muchas connotaciones buenas que, desde mi punto de vista, nada tiene que ver con el libro electrónico, ese momento, esa nostalgia que viví y que, estoy segura volveré a revivir pasado un tiempo, nunca lo podrá ofrecer un libro electrónico.
Dicho esto, ¿debemos quemar el libro electrónico? Mi respuesta es No, pienso que pueden convivir perfectamente, que uno, no debe sustituir al otro, sobre todo, en el ámbito académico, creo que sería bueno disponer de uno electrónico, claro que, no todo el mundo puede disponer de uno, y menos ahora con los tiempos que corren.